Además, tuvimos también que hacer un camino a pico y pala, por suerte sin quitar ningún árbol, para acceder a la obra.
En la construcción de la Berenjena todo se hizo a mano, y subir la piedra y la arena para la cimentación fue una locura.
Con la revolvedora y el camino nuevos, estábamos eufóricos.




Por cierto, muchísimas gracias a Rafael por prestarnos la cuatrimoto, sin ella no hubiéramos podido subir la revolvedora.